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Caribbean Business, 16 de septiembre de 2004

Roosevelt Theater -- its actual name Cine Roosevelt -- was always meant for movies

The Sola family, owner of the over five-decade-old Cine Roosevelt, has never known who designed and built the movie theater, nor why it has the shape of an airplane hangar. They do know that it was always had the same name, was sold several times, and was always meant to be a movie theater.

In fact that was a condition for the Puerto Rico Reconstruction Administration's of “lot No. 3 on 10th Street in the Eleanor Roosevelt Urbanization blueprint” -- where Cine Roosevelt stands today. Its first owners were José J. Salgado and Gerardo Baldrich Gomez, who purchased the lot for $12,350.

The hand-written Puerto Rico Property Registry certificate, held by attorney and Teatros Sola Inc. family and business member Cecile Sola Placa, dated Sept. 4, 1945 and written in Spanish, indicates that the lot “cannot be used for housing, cantinas ("cafetines"), bars, gambling houses, dance halls, cabarets or any other purpose that may constitute a public disturbance or be morally offensive.”

It adds that “The buyer will proceed to build a structure that is appropriate for use as a theater, soda fountain, and any other service related to a theater and movies. It will be for theater (movie) purposes.”

Cine Roosevelt has stood for and continues to stand for, wholesome family values and entertainment, Sola Placa said.

Caribbean Business , 2 de septiembre de 2004, Aura N. Alfaro

Reopened Cine Roosevelt’s longevity attributed to its wholesome family atmosphere
Still the only independent movie theater in the San Juan metro area

Teatros Sola Inc., the family-owned parent company of Cine Roosevelt, could have torn down the hangar-shaped Hato Rey landmark to build an office building or any other business in its place, but there is something about the old-time movie theater that wouldn’t let that happen.

For more than 55 years, this neighborhood movie theater—located in the heart of Roosevelt Urbanization—has been a gathering place for families from all over the island. Teatros Sola, its owner and operator since the mid-1970s, recently reopened it after its remodeling and conversion into two smaller theaters, with seating for 318 and 167, respectively. Ticket and audio-visual equipment were upgraded, and it now shows first-run movies.

Cecile Sola Placa, a family and business member, said the company has had several opportunities to sell or develop another business on the site of the Cine Roosevelt. “[A different business] would be more lucrative and require less effort, but we [the family] believe that our movie theater truly provides a service to the community,” said Sola Placa.

“For decades, Cine Roosevelt has provided wholesome entertainment at affordable prices to families of all sizes and from all socio-economic levels who come from many parts of the island, and that’s what has kept the family from tearing it down,” said Sola Placa, who is also an attorney.

Sola Placa said the family really became aware that the movie theater was an icon for the community only after it reopened a few months ago. “We knew they appreciated Cine Roosevelt, but all the media attention and the outpouring of affection has persuaded us to continue working for the public,” she said, adding that patrons have been very receptive to Cine Roosevelt’s new multitheater concept.

Sola Placa said the movie theater still stands thanks to her father Mario Sola Ramirez, who, after he retired, leased Cine Roosevelt from the then owner Rafael Ramos Cobian in 1976.

Primera Hora, 6 de mayo de 2004, Adela Dávila Estelritz

Cine del Barrio

En familia. Así se sintieron todos los que acudieron el pasado lunes 3 de mayo a la tanda de las 8:10 p.m. en el recientemente remodelado Cine Roosevelt. La concurrencia, compuesta toda por asiduos clientes "de toda la vida", no paraba de expresarle su afecto y comunicarle sus parabienes a Cecile Solá y su esposo, Milton Garland. El matrimonio, hija y yerno, respectivamente, de Mario Solá Ramírez y Rosa Solá, heredaron de éstos el privilegio de custodiar una tradición de familia: el cine de barrio, el cine de familia… el Cine Roosevelt.

Entre abrazos, apretones de mano y saludos sinceros, Milton y Cecile dieron la bienvenida –como suelen hacerlo regularmente– a los asistentes a la tanda del lunes en la noche. Puntuales, éstos fueron llegando para ver las dos películas de estreno que el cine está exhibiendo desde su reapertura el pasado 29 de abril.

Las instalaciones, que ahora cuentan con dos salas de proyección –una con 318 butacas y la otra con 166– ofrecen a la audiencia todo el confort y al calidad de los más modernos teatros.

Trato personal

Pero lo que distingue al Cine Roosevelt de tantos otros no es ni la moderna y renovada ambientación del teatro, ni el gran tamaño de las pantallas, ni siquiera la excelencia de su sistema de sonido. Lo que hace de éste toda una institución en la comunidad es el trato personal para con su asidua audiencia.

Cabe señalar que, aun en una noche de un día de trabajo, las dos salas del cine se llenaron considerablemente. La mayoría de los asistentes –vecinos de las cercanías– llegó a pie. Los que se acercaron en auto, rápidamente encontraron estacionamiento en las calles residenciales aledañas al famoso "hangar", que es como le han llamado siempre a la estructura del cine por su peculiar arquitectura.

Una vez frente a la taquilla, para el público en fila todo fue cuestión de pagar la módica tarifa de sólo $3.00 por persona (niño o adulto, por igual) y decidirse por una película ("The girl next door") u otra ("The Punisher").

Lo que sí resultó prácticamente imposible fue evitar que se formara un tapón justo en la entrada del cine porque los asistentes sucumbían de inmediato a la imperiosa necesidad de expresar sus palabras de aliento a Milton y Cecile. "¡Qué éxito, qué bueno que abrieron otra vez!", expresaban unos; "Sigan adelante, no cambien", exclamaban otros. Y por lo que se veía, el lapso de tiempo entre que el teatro cerrara para poder llevar a cabo la remodelación y que éste volviera abrir, les pareció una verdadera eternidad a los fieles amigos del Cine Roosevelt. Pero ahora, por fin, ya tienen su teatro como ellos querían.

Un poco de historia

De acuerdo con Cecile Solá, y según lo atestigua la primera inscripción de la propiedad, fechada en 1947, el propósito del local siempre fue hacer de él un cine para proyectar películas. Por esta razón, arguye la propia Cecile, resulta por demás curiosa la estructura en forma de hangar. "La verdadera razón para ello nadie la conoce", manifestó.

En cualquier caso, su padre, don Mario, durante gran parte de su vida profesional fungió como distribuidor de películas, "principalmente las del cine mexicano y las 'western'", continuó relatando Cecile. Ya metido en la industria, a partir del 1975 el Sr. Solá se dedica también a administrar el Cine Roosevelt y en 1978, en cuanto se le presentó la oportunidad, lo adquirió.

"Hasta hace más o menos dos años, cuando papi se retiró, él y mami, con la ayuda de mi esposo, estaban aquí (en el cine) todas las noches", recuerda la orgullosa hija. "De hecho, mi hijo Mario, que ahora reside en Nueva York, vendía los dulces y el popcorn cuando tenía catorce años", añadió Cecile. Su otro hijo, Milton Garland, Jr., también les da una ayudita cuando no está ocupado con su trabajo regular.

El equipo de trabajo se completa con Edwin Bauzó, quien ha estado laborando como proyeccionista por más de 20 años.

Lo más importante

Cuando se dice que el Cine Roosevelt es un "cine de familia", esto no sólo se refiere al hecho de que por más de 25 años las familias Solá y Garland han estado aquí, al pie del cañón. El término "de familia" es utilizado por todos ellos en su sentido literal, pues doña Rosa, particularmente, siempre antepuso su ética personal y familiar al usufructo de la taquilla. "Mami siempre seleccionaba películas que fueran dirigidas a la familia", sostiene Cecile, "y no importa cuán taquillera fuera un filme, si no lo encontraba apropiado, no se proyectaba, y punto". Y todo parece señalar que, aunque hoy día las cosas han cambiado bastante, Milton Garland también piensa seguir siendo selectivo al escoger la temática de sus películas.

Fieles y constantes

Cecile quisiera que los amigos fieles y constantes que han respaldado al Cine Roosevelt durante casi tres décadas de la administración de su familia, lo continúen haciendo por mucho tiempo más. "Espero seguir contando con la asistencia habitual de la gente que ya viene fijo unos días en particular", comenta esperanzada la Sra. Solá. "Mira si son fieles", añade muy sonriente, "que cuando vienen un día que no es el acostumbrado, al verme casi siempre exclaman: '¡Vine fuera de día!'".

Pero, por supuesto, tanto para ella como para su familia, lo que cuenta de verdad es volver a ver, una y otra vez, los mismos rostros. Amigos que un día son unos niños de apenas diez años y cuando uno quiere darse cuenta ya son hombres y mujeres que se presentan un buen día con toda su familia. Amigos, repetimos, que les inculcarán a sus hijos los mismos valores y las mismas tradiciones, entre las cuales seguramente estará el seguir patrocinando el cine del barrio.

El Nuevo Día, Sección Suplementos, 15 de mayo de 1998, Signe Andrea Della Torre y Liz Sandra Santiago

Restauran tres teatros

"El cine de Puerto Rico llegó a principios de siglo y, poco a poco, fue evolucionando y captando la atención del pueblo. Estos cines, en su mayoría operados por familias, se encontraban en comunidades y pueblos, permitiendo el facil acceso del publico.

Con el surgimiento de los centros comerciales y las nuevas tecnologías, compañías extranjeras comenzaron a llegar a la isla y a desarrollar el concepto de cadenas de cine. Algunas de las pequeñas salas comenzaron a confrontar problemas y a decaer hasta el punto de que al presente, varias de estas se encuentran en el deterioro, mientras que otras permanecen cerradas y abandonadas, por lo que, luego de tantos años, tanto el gobierno como los administradores de los cines han comenzado la restauración de algunos de ellos.

Por ejemplo, el Teatro Roosevelt se encuentra en una etapa de restauración, que tomará cerca de cuatro meses a un costo de más de $200 mil. El proceso de remodelación incluye: colocar sillas, espacios y áreas especiales para personas con impedimentos, que lo convertirán en el primer cine en la isla que ofrecerá estas comodidades.

‘Hemos adquirido unas butacas que proveen mayor comodidad a las personas con impedimento. Estas tienen brazos removibles que facilita a la persona moverse de su silla a la del teatro. Además para aquellos que prefieran ver la película desde sus sillas de rueda hemos dejado espacios sin butaca que serán identificados" dijo Cecile Sola, portavoz del Teatro..."

Revista Dialogo, Sección Ensayo, Septiembre, 1988, Bernardo López Acevedo

Tiene que ser amor

"...Algo ha de ser lo que hace que todavía opere en la urbanización Roosevelt una sala de cine con ese mismo nombre, cuyos dueños, una pareja obstinadamente generosa, permiten disfrutar, cuando todavía son estrenos o casi, películas por dos dólares. Ese mal de no querer explotar al prójimo, debe correr entre la familia Sola —­tal es el apellido del hombre— pues que todavía no ha estimado perentorio vender las maripositas de maíz a mas de cincuenta centavos..."

"...¿Se estará haciendo rico? Si, todavía es posible que la vocación prevalezca. Debe ser eso lo que une a nuestros visitantes. Quizás algo mejor. Amor...si, tiene que ser amor."

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